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martes, 28 de julio de 2009

Estiércol

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Ahora que ya estáis tan bien plantados en vuestro nuevo mundo

Después de haber mentido tanto fingiendo incertidumbres,

Dejadme ir, dejad que me marche en paz,

Y no me juzguéis según vuestras costumbres

Que al fin son, como decíais vosotros mismos

De las de vuestros padres, vacías costumbres.

No me juzguéis vosotros, antiguos compañeros,

Que en podredumbres compañía no necesito:

Con las mías tengo bastante. No quiero cambiarlas

Por vuestras cálidas, acomodadas,

Autocomplacientes, rancias, leves, enajenadas

Y madurísimas certidumbres.

La sequedad del desierto, para mí,

Es mejor y más clara. Allí no hay mentiras:

Allí, o hay vida, o no hay nada.

Allí hasta los muertos

Mantienen la forma humana.

Sólo recordad que la única fertilidad voluntaria

No es, según el alma de las plantas, la apolínea madurez,

Sino el abandono:

La asquerosa entrega, la muerte, la sincera podredumbre,

Y soportar, no ya ser nada, ser peor que nada:

Estiércol, puro estiércol

Azul estiércol

Piedra podrida

Pura repugnancia

Esencia sin sustancia

Larva moribunda:

Mierda que habla.



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