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viernes, 24 de abril de 2009

Soneto del manco de dios

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Estando yo en sueños entretenido
vino, vibrante de tu voz, el aire.
No tuvo esa luz eco en mis sentidos
y me acuné, negándome a ese instante.

Lo que vino después fue un frío de esmalte
que me mostró que ni te adivinaba,
y que no esperara mi madrugada
alcanzar las honduras de tu alcance.

Y así me estuve, velando el desamor
doliente de la falta en que me duelo:
que ni te oigo en sueños, ni en mi mismo albor.

Más me valiera quedarme despierto
aunque notara la falta de calor,
siendo por tu calor que me desvelo.