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Quiero firmar con un nombre que no sea mi nombre.
Y así, aunque no sea recordado, no me importará.
Como no soy yo, porque no es mi nombre, aún seré libre.
Mi nombre no estará en manos de nadie: podré volver a firmar.
Firmar y volver a entregarme, como si no hubiera pasado nada.
Como si no supiera nada: yo firmo y ya está.
“¿Pero tú quién eres?” “No sé; seré... el que firma.”
Y así, por puro cachondeo, construir esa palabra inmensa:
ETERNIDAD. Total, sólo por una mentirijilla:
Poner un nombre inventado (mejor que sea expresivo)
Y así seguir sintiendo el mundo, siempre
Como si acabara de llegar.

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