Ya sé que piensas que en él yo no estaba:
que no soy yo el hombre que fue aquel niño.
Aún así, yo lo miro con cariño
admirando las lunas que apuntaba.
Más me duele, que a ti, ver mis miserias.
Pero, aunque me duelan, no renuncio
a ser yo la resulta de su anuncio:
sólo puede ser tu hijo mi presencia.
Comprendo que no es fácil, desde fuera,
que aceptes por herencia un vertedero:
yo te pido que mires más profundo
y que notes que la flor verdadera
no vale tanto si es de invernadero;
pues tuve que crecer, lo hice en el mundo.
