¿Cómo eran esos días, cómo eran,
cuando el viento entraba hasta tu mente
y aquel patio era luz resplandeciente
y eras sólo niño, sin saber quién eras?
No había calles ni coches ni había aceras,
que tu mundo era interno; no había mares
ni imaginabas cómo los azares
forzarían a tu ser con sus maneras.
Recuerdas y te dueles: te ha vencido
todo aquello que entonces despreciaste.
Pero no era desprecio; tú lo sabes.
Era, en ti, la infancia del olvido:
pues tu vuelo fue luz entre azabaches
pero eras, solamente, lo que has sido.
