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lunes, 27 de julio de 2009

Don Luis: le quiero mucho a usted, si no le sirve de molestia.


Don Luis es un señor que anda camino de los 90 con paso firme. Con paso firme y con un par.
Don Luis, además de mi padre, es médico, y todavía se encuentra uno a gentes que recuerdan, medio siglo después, que salvó la vida de su hijo a cambio de nada. Eran ricos sólo en penas, me dicen; y también me dicen que hay cosas que ni el tiempo borra. Y él, cuando llegaba a su casa, "callaíto como un muerto".

Por eso y por "muchas cosas más" -eso cantaba Luis Aguilé-, voy a dedicarle aquí unos versos emocionantes de otro tocayo de Aguilé y de mi padre: de Luis Cernuda. Y que se le ciñen como un guante.
Y de cierre, la música que más le gusta: el 4º Concierto de Beethoven (otro Luis, vaya por Dios). Y además interpretado por Arthur (menos mal) Rubinstein, para que le recuerde aquellos años 50 y 60 de su plenitud.
Sólo me queda expresar dos deseos:
que nos veamos mucho tiempo más,
y que no gruña tanto.



Luis Cernuda:

Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones, o nubes
no valen un amor que se entrega.