Hay seres de agua
Que, cuando están sobrados de vida
Juegan la aventura de la tierra:
La sequedad de la tierra.
Y ahí siembran su efímero reino
De seres que no mueren de sed.
Apuran su manta de humedad,
Y uno cree en ellos. Y se imagina, feliz,
Que, aún sin agua, ellos pueden vivir.
Pero, llegado cierto momento,
Los de aquí dentro, en tierra seca y firme,
Los vemos, pasmados, volver al agua fresca
Con el gesto fácil y apolíneo de un delfín.
Con la facilidad del gesto del turista
Que vuelve a casa con las fotos
Que demuestran, qué valiente, que él estuvo aquí.
Y ya está: sigamos, ellos y nosotros, adelante.
Nosotros, los lagartos de sangre fría,
Seguiremos abrasándonos al sol para seguir con vida.
Ya nos han contado que algún día
Vendrá un pez que, sin dejar de serlo, se hará lagarto,
Y vivirá allí y aquí, y no afirmará ni negará
Ni la humedad ni la sequía,
Sino la libertad, y no será
Ni lagarto en tierra ni pez en el mar,
Pero será libre, y así será.
Yo (por mí hablo) no he sido capaz de serlo,
Y me sé incapaz de serlo.
Pero, mientras pueda, aguanto esperándolo.
Insisto: aún no lo he visto en nadie.
Aún sigo esperando el anfibio al que esperan
Tantos
Miles de millones de años.
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