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martes, 11 de agosto de 2009

En la peluquería


Quiero y queréis que se escriba con flores

El asco que se pudre entrando (entrante) por mis ojos

Y saliendo como mierda (come mierda) por mi boca.

Cosa que al fin sale, dios sabrá por qué,

Como un aliento cualquiera. Podrido, pero cualquiera.

Quiero y habéis querido

Que aquí no reine más que la miseria.

Pero no por compasión ni compromiso, qué va,

Sólo por falta de entrega: total, por uno ¿qué más da?

“¿Entregarte, comprometerte, decir lo que piensas?

¡No hombre no, no sea que por esforzarte

Toquen tus zapatos la mierda!

Lo mejor es que, entre nosotros, digamos:

“Pobrecito/a ¿cómo habrá perdido tanto la cabeza?”

Pero claro, la pregunta es retórica:

Saberlo no me interesa, que si me entero igual no llego a viejo

Y las cifras de mis análisis dejan de ser buenas

Que cualquier cosa te da estrés ¡uy!

Y el azúcar se te dispara que no veas.

Que no, que no. Mejor voy a ser respetuoso:

Yo, comprensivo, le respeto, porque todo el mundo sabe

Que tiene derecho a pensar como quiera,

A decir lo que quiera, aunque, pobre,

Lo tengamos por loco ¡Qué cosas, pobre,

Tan desagradables piensa!

Él solito se aleja de nosotros

Sin darse cuenta. Pobrecito.

¡Qué cosa tan rara que él no sienta

Este calorcito que te llega, tan rico

Desde el secador a la cabeza!”

viernes, 24 de julio de 2009

Lo siento

.
Echaré de menos el humo de estos tiempos
Su vacío casi rotundo, su calma anhelante
La rabia de su fuga, la sorpresa de un mando
Que no manda nada. Darme cuenta del error
Que gastaba como verdad absoluta.

Se va a acabar mi oportunidad: poder vivir un sueño de vacío.
Acabaré despierto, ansiando alguna cosa.
Más vacío adelante:
¿Dónde estará aquel mundo mío
Que casi sentía, como el nombre de cada rosa?

Por fin tengo miedo al miedo, yo, que lo despreciaba
Siento que ya no siento lo que me sostenía.
.
.

lunes, 11 de mayo de 2009

Confesión

.
Yo vivo alimentando el odio. Dicho así
parece algo terrible, pero no es para tanto.
En realidad es muy fácil: el odio se alimenta con miedo,
y yo aprendí a cultivarlo de pequeño.
Es un miedo oscuro, pegajoso, muy denso.

Además, para ayudarme, siempre me recuerdan
que si dejara morir a mi odio, moriría yo con él:
que somos la misma cosa, que es cuestión de supervivencia...
Y así toda la vida.

Ya sé que es mucho tiempo
pero todavía mi odio y yo nos estremecemos
cuando vemos tanto miedo, tan espeso
caer
directamente
desde mi boca
hasta su centro
como si fuera un beso.










Pintura negra de Jorge Diezma