jueves, 16 de julio de 2009

Emboscado

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Quiero firmar con un nombre que no sea mi nombre.

Y así, aunque no sea recordado, no me importará.

Como no soy yo, porque no es mi nombre, aún seré libre.

Mi nombre no estará en manos de nadie: podré volver a firmar.

Firmar y volver a entregarme, como si no hubiera pasado nada.

Como si no supiera nada: yo firmo y ya está.

“¿Pero tú quién eres?” “No sé; seré... el que firma.”

Y así, por puro cachondeo, construir esa palabra inmensa:

ETERNIDAD. Total, sólo por una mentirijilla:

Poner un nombre inventado (mejor que sea expresivo)

Y así seguir sintiendo el mundo, siempre

Como si acabara de llegar.









Imagen de http://javierjaen.blogspot.com/

8 comentarios:

Víctor L. Briones Antón dijo...

Jugar a que la vida no pesa, saber quien eres pero vivir sin lastre, si nadie conoce tu nombre nadie puede acercarse. En el momento en que empiezas a firmar con otro nombre, expresivo, adelgazas tanto que cabes entre los barrotes de cualquier celda.

Un abrazo

Hidai dijo...

Vale, está bien, entro. Pero luego no me hagas burlas con esto ¿eh?

Además, entro para decirte que salir fuera de uno mismo, no siempre es una buena idea. Que viene a ser como cambiar de almohada, de marca de leche o... de pareja. Y te deja una sensación rara. Como de no estar en casa.

Gracias por todo esto. En serio. Gracias.

Argax dijo...

Hidai, en primer lugar un saludo.

Salir de uno mismo nos convierte en espíritus libres. Cuando uno consigue olvidarse de quien es y de donde viene acaba desembocando en lugares que sólo se creía capaz de soñar.

Por eso deja el cuerpo y viaja, es un éxtasis de andar por casa, con su pizca de misticismo y su mucho de ansia.

elmudo dijo...

Se llama 'anhelo'.

Bonita palabra ¿verdad?

Argax dijo...

Hermosa como ella sola si señor. Hay que tenerla siempre presente.

Hidai dijo...

Sin embargo... yo creo que lo que realmente nos hace espíritus libres es viajar con el cuerpo puesto, y con nuestro yo asimilado, aceptado y en comunión.

Al fin y al cabo, el equilibrio siempre se sostiene en un eje que divide dos partes. Para mí, lo que soy y lo que quisiera ser, como un todo completo.

Creo que me he explicado fatal...

Un saludo para ti también y gracias por el apunte.

Argax dijo...

Te has explicado bien.

Por supuesto que contra más apegada esté el alma al cuerpo más se disfruta, pero los placeres que te puede aportar lo físico palidecen ante los que lo espiritual te puede proporcionar.
Apegarse al cuerpo no es más que miedo al vacío.

Saludines.

Yo soy Joss dijo...

Lo que pasa es que el cuerpo está en continuo cambio, al igual que el Yo: uno no es el mismo uno dentro de dos años, quizás ni dentro de dos minutos. Uno no es uno por sí mismo, sino por todo el bagaje de su entorno, de lo aprendido, de lo vivido, de lo que le espera, de la biología de su cuerpo, de lo que come, de lo que bebe, de lo que fuma, de lo que deja de comer, beber o fumar... Por eso, lo que me da la tranquilidad es diluir el yo, olvidarme del concepto de que tengo una sola personalidad, y aceptar lo eterno que queda detrás de todo ello. No somos, simplemente, no somos.