viernes, 24 de abril de 2009

Soneto del que fue niño

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¿Cómo eran esos días, cómo eran,
cuando el viento entraba hasta tu mente
y aquel patio era luz resplandeciente
y eras sólo niño, sin saber quién eras?

No había calles ni coches ni había aceras,
que tu mundo era interno; no había mares
ni imaginabas cómo los azares
forzarían a tu ser con sus maneras.

Recuerdas y te dueles: te ha vencido
todo aquello que entonces despreciaste.
Pero no era desprecio; tú lo sabes.

Era, en ti, la infancia del olvido:
pues tu vuelo fue luz entre azabaches
pero eras, solamente, lo que has sido.

3 comentarios:

Argax dijo...

No sé, no sé, quizás esté sea el más bello de los tres pero también el más inquietante porque habla de ti mismo a una profundidad que asusta.
El final, que incita a creer en el futuro, me ha dejado aplastado, diminuto, pensativo.

Yo soy Joss dijo...

Qué hermoso, y qué sincero, tienes esa capacidad de ser sencillo y sobre todo sincero, eres como el agua que corre. Me alegro de ver este blog tuyo, ya era hora de que lo hicieras.

Anónimo dijo...

Fermín, ¡¡impresionante!! Como ya han dejado escrito en otro comentario, muy sincero, y añadiría además, muy hondo. Un abrazo de tu amigo Ximo de Valencia