viernes, 29 de mayo de 2009

Perdona

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Están
esas noches que no son
negras, sino verdes;
esas
que no dan libertad, sino más trabajo.

Está
esa bruma que viene del mar
pesada y húmeda
amasándose por la ciudad, empalagosa.

Está
ese pringue
que sientes cuando buscas,
ese sonido sordo
que ensordeces con tu sordera,
que con tu ceguera anulas,
con tu torpeza
de hombre que sólo busca
pero no interpreta. Pero hombre:
tu trabajo es interpretar
(que es hacer, pero hacer
manchándote la manga).

Así perderás
y lo harás
endulzándote la frente
con la sangre que esculpe tu corona:
esa sangre que es leche de tu frente
y que firma la ley de tu derrota.

Sangra y no pares: sigue en la faena,
que tu esfuerzo brilla en la aureola
de ese ser que te mira con paciencia
esperando la miel de tu persona.

Haz lo que puedas: encara tus miedos
sin negarte a escucharlos todos, con su forma.
Diles que sí, como a tus miembros,
y como a ellos diles que perdonas.

Diles que sí: mírate y mira
todo aquello que sabes que no importa.
Diles que sí; espera y tente firme,
sé flexible, ten dulzura, ponte en forma,
que la recia gordura de tu alma
sirva de suelo y vuelo largo y firme
a esa blanda estupidez, a esa torpeza,
a esa espera ignorante de una corona boba
y perdona: perdónate y perdona.
.
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1 comentario:

Víctor L. Briones Antón dijo...

A mi me hablan estos versos de humildad y sabiduría. De algunas de las características que tienen que tener los que de verdad quieran ser llamados hombres.

Llega bien, es sereno, fluido.