domingo, 19 de julio de 2009

Destierro

.
Cada instante tiene su público
y cada letra tiene su silencio.
Los mórbidos encuentros beben de alegría.
Cada rincón tiene su muerto;
cada muerto, su ceniza,
y cada paz, detrás, temblando un niño, una niña.
Suenan las campanas cuando no hay nadie
y viven los monstruos en las floridas praderas.
Nadie está despierto cuando hay que estarlo:
los ojos piensan por su cuenta.
Los adioses se ponen en juego por cuatro duros.
Como no hay patentes, no se fabrican sueños.
Matamos lo muerto para vivir lo vivo,
y así, la venganza es terrible:
todos sufrimos la impotencia del destierro;
pero nadie lo dice. ¿Para qué, una verdad que mata?
Mejor nos lo jugamos al bingo:
A ver si hago línea... Cuatro, diez, cuarenta, ¿a qué juegas?
¿Yo qué sé?
De mí ya sólo piensa la parte que no tengo.
.
.

4 comentarios:

Hidai dijo...

De cada tres preguntas que te hago, respondes una, y sólo cuando es mi día de suerte. Ahora ya te puedo imaginar respondiendo a todas lo mismo: ¿para qué, una verdad que mata?

Y se me ocurrió comentarte, porque yo nunca comento y tú nunca respondes a los comentarios, así que... quizá hoy sea de verdad mi día de suerte, yo comente y tú respondas. Dímelo ¿es un mal presagio tener una categoría con tu nombre? A los malos bichos no nos importa que ninguna verdad nos mate.

elmudo dijo...

Uno tiene que buscárselas para que quede un rastro casi imperceptible de 'que se sepa que pienso en él', sin que quiera que llegue a nadie especialmente; sólo que esté allí.

Hidai dijo...

Hoy es mi día de suerte :)

Yo soy Joss dijo...

Dice una canción de un grupo que me gusta mucho:

¿para qué quieren la verdad
si ya tienen el rumor?

pues mira no sé, pero es así...