viernes, 31 de julio de 2009

Me ha entrado un frío...

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Me ha entrado un frío inmenso.
Entró por las rendijas, por los arrabales,
por una puerta abierta; no sé.

Entró como por naturaleza
y plantó sus reales encima mío.
Y me avisó: soy el definitivo;
y me hizo carantoñas, como pasando
por ser más leve.

Como nunca se sabe, yo le dije:
'eso ya lo veremos',
y me congeló con una risa absurda.

Y desde entonces aquí estoy yo
ahogándome en mi propio asco.
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Óleo de Jorge Diezma.

4 comentarios:

Yo soy Joss dijo...

a veces pareces de Triana, más que de Murcia.

Argax dijo...

Arrabalero mío, leyéndote reflexiono sobre la condenación, porque no sé si soy yo el que busco ese frío para diferenciarme o he sido condenado a padecerlo por algún ardid del destino o por una extraña conjunción de todo el atajo de vísceras que guardo.

Yo creo que hay hombres que están acostumbrados a pasar frío, a pesar de que les duele, viven en un páramo helado, como pastores trashumantes, siempre en movimiento para que sus huesos congelados no se quiebren.

¿Tu que opinas?

elmudo dijo...

Que hay cada individua por ahí que lo deja a uno helado. Eso opino.

Argax dijo...

Hermosa opinión...